viernes, 28 de noviembre de 2008

Los Angeles, 2019.


Sentados en el bordillo de una acera. Hace un viento frío y llueve desde que nos despertamos hoy por la mañana, cuando te abrazabas a mí por el ruido de los truenos. Tu pelo se mueve hacia el oeste debido al fuerte viento, observo esa imagen sexy y de un extraño encanto oculto. La gente camina rápido con sus paraguas, alguno de ellos se dobla y no sirve para nada. Nos miran perplejos, dos jóvenes sentados bajo la intensa lluvia que inunda las calles de Los Angeles, en este noviembre de 2019, viernes.

Esbozas una sonrisa soleada en este día triste y gris y a mí me da la vida. Me dices que estoy loco, y te lo repites a ti misma. Estamos empapados, empiezas a estornudar y a toser. ¡Vaya, nos hemos acatarrado! dices alegremente.

Fijas tu mirada en el agua que fluye como un río por la calle hasta desembocar en la alcantarilla que tienes bajo tus piés. En estos momentos estás tan guapa que haría el amor contigo ahora mismo, la lluvia, el frío, el viento, tú y yo. Me das un beso, dulce, corto, efímero y te levantas. ¿Cenamos fuera? dices casi suplicando, poniendo tu mirada de cordero degollado como si fuera la última. Sí, ¡claro! ¿te parece bien algo de rélax en el White? Ya sabes, música jazz, cenita ligera, un par de copas y el postre. ¡Uuuh, me parece perfecto! contestas efusivamente.

Posas tus labios en el borde del cristal de tu copa de vodka negro, tienes la mirada perdida en alguna parte que se me escapa. Ya lo entiendo, ésta era la última vez para todo. El último beso, la última noche abrazados y acostados en la misma cama, la última sonrisa cómplice.

Todo es efímero, pienso. Los besos, las vidas, las sonrisas, los recuerdos, las noches, la lluvia, el frío y el viento. Ojalá esta fuera la última vez para todo el mundo y desaparecieramos juntos, por desgracia, no es así. Después de unos minutos moviendo la pajita me dices que nos vayamos para casa. Te agarro de la mano fuerte, subimos el ascensor y abro la puerta. Nos vamos directos a la cama, te desnudas lentamente, me desnudas con parsimonia y me besas.

Te agarro las caderas, la última vez que somos uno. Es la mejor noche de mi vida, tu respiración agitada y tus pequeños gemidos hasta que gritas y me dices que me amas. Ahora, duermes y yo rompo a llorar en silencio para no despertarte mientras te doy el último abrazo y me acurruco en tu espalda como un niño.

Me despierto y miro a mi lado: no estás. Hoy es noviembre de 2020, sigo en los Angeles. En la misma cama de la que te marchaste, en la misma habitación que abandonaste. Miro la misma puerta que cerraste hace un año.

Efímero...

jueves, 27 de noviembre de 2008

el frío acero


Repitiendo o que la vida es bella y que tenemos que ir tras ella. Memorizando tus sonrisas, soñando como te acicalas el pelo en la biblioteca y cantando tus largos suspiros. Fotografiando la belleza de tus ojos, grabando cada gesto que haces con tus manos.

Invierno y su hijo cansado, me siento en la mesa mirando por la ventana, a ver si el sol se decide a calentar.

Los párpados se caen, tu sonrisa me transporta a un pasado (¿mejor?) en el cual suena una bella melodía que cantas en voz baja, todo se vuelve borroso...

Galletitas de la suerte, instrucciones útiles, ojos llorosos, nariz roja, pómulos fríos. Sin embargo, como si todo fuera un ritual, te miro y me pierdo, una vez más, sin saber que hacer, sin saber que decir, sin dejar de memorizarte a ti..

lágrimas frías como el acero oxidable.

martes, 25 de noviembre de 2008

Life's soundtrack


En el árido del desierto del perdedor, en la herida del alma que no deja de supurar odio, ahí estás tú para salvarme.


El sol no brilla y vivir significa seguir sobreviviendo en esta selva. Tu eres el extraño cuando todo lo que te rodea es extraño.


La banda sonora para una vida ausente... en mi habitación del pánico... algo de jazz...

lunes, 24 de noviembre de 2008

Rain


Mi vida y yo, yo y mi vida. Días oscuros, en los que ves a través la ventana llorar lágrimas de plástico al cielo. Al fin y al cabo, hasta el ser más frío rompe a llorar tarde o temprano. Esperas el fin de semana con ansias y después sólo deseas que termine y vuelvas otra vez. El final del día se ha convertido en algo lejano; los recuerdos, en momentos efímeros que la poderosa manecilla carcome y corrompe.

Mi yo desapareció en un parpadeo, en un abrir y cerrar de ojos, en una gota de lluvia que cayó en mi cuerpo frío, herido y desprotegido. Dejé de ser el guardián entre el centeno, volví a caer en vicios pasados, sentí la inseguridad aterrizar de forma permanente en mí, ví alejarse al ego y la autoestima entre la niebla espesa y el cielo gris.

Un mapa puede ser tan claro que resulte difícil comprenderlo. Un sentimiento puede ser tan explícito que de miedo aceptarlo.

He perdido el control, he perdido mis recuerdos y he perdido mis palabras, se lo han llevado las diminutas gotas de lluvia...

domingo, 23 de noviembre de 2008

Untitled


Apenas dormía. Desde hacía unas semanas se dedicaba a devorar libros por las noches y a escuchar música sin interrupción, su vida giraba sólo entorno a eso. Había decidido convertirse en un ser ausente alejado de todo, sin conciencia.

A veces se preguntaba si realmente estaba vivo. Llegó a la conclusión de que únicamente sabía que estaba vivo por el sentimiento de frío que tenía todos los días. No es de extrañar, luego, que amara sobre todas las cosas el frío. Amaba tener frío y tiritar, sentir los dientes chocar unos contra otros a un ritmo vertiginoso.

Deseaba por encima de cualquier cosa, ser una sombra. Odiaba con todas su fuerzas que la gente llegara a saber algo de él y de su 'vida'. Cada vez que alguien se aproximaba a algún hecho de su vida, se sentía débil e indefenso. Por los pasillos de su instituto, caminaba espectral, casi sin llegar a pisar el suelo... el lo veía todo distorsionado, difuminado, confuso...

Al fin se entiende porque siempre escribió su nombre en minúscula...en realidad, nunca quiso ser una sombra. No quería ser nada...

sábado, 22 de noviembre de 2008

La chica de los ojos tristes


Paseaba por la calle mirando al suelo. La única luz de la ciudad a las 5 de la mañana correspondía a las farolas que todavía funcionaban. Tenía un andar lento y marcado. cada vez que adelantaba un pié, su brazo derecho hacía una especie de vaivén llamativo que desprendía originalidad por los dedos.

El sonido de sus zapatos repiqueteando sobre el pavimento de la acera era lo único audible y aprovechable a esas horas. De vez en cuando, miraba al cielo negro y maldecía que justo esa noche hubieran raptado a las estrellas. Respiraba a un ritmo pausado y lanzaba el aire de sus pulmones en forma de humo hacia ninguna parte. Llevaba unas botas marrones, un pantalón vaquero ajustado, una camiseta de rayas y una chaqueta marrón que la resguardaba del frío. Empezó a llover y,como si fuera el botón que había que pulsar para salvar el mundo, se sentó en medio de la carretera asfaltada y maldecía su estúpida existencia mientras clamaba al cielo compasión.

Un día más tarde se encontró desanimada, confusa y vacía. Debido a aquella fría noche, estaba resfriada y sacó un pañuelo para sonarse. Se miró al espejo y vió sólo a una mujer con unos ojos muy tristes que vivía ajeno a lo que sucedía ahí afuera. Se sintió inútil y al momento recibió el mensaje a su teléfono móvil: "La casualidad me llevó al laberinto de tus ojos tristes". ¿Quién me ha escrito ésto? ¿Por qué?

No consiguió dar respuesta a sus preguntas. Salir a las 5 de la mañana y sentarse en la carretera, con la misma ropa de aquella noche, se convirtió en un ritual y, caída en un absurdo, recibía siempre un mensaje después.

Aquellos mensajes extraños correspondían a un niño misterioso que tiritaba de frío esperando a que ella le diera un hogar caliente en su corazón. Se perdió en la infinita profundidad de su mirada, y ahora sueña con la chica de los ojos tristes...

jueves, 20 de noviembre de 2008

Myself


Conté hasta 3 y todo seguía igual de oscuro. Caminé por los pasillos mientras mis piés hacían crujir la madera desgastada con el paso del tiempo. Me senté en la mesa blanca de la cocina mientras era observado por el cerdo rosado y brillante que se encontraba en el cabezal de la misma. Durante la comida, sólo se escuchaba el sonido de masticar la poca comida, podrida, que quedaba en casa.

Tiré mi plato al suelo y me dirigí hacia mi habitación. Sentado ya, revisé los vídeos que había grabado mis cámaras por toda la ciudad. Una violación, un asesinato, un robo, un chico tirando piedras al río, una maraña de gente haciendo skate en Myself Park, una chica leyendo el horóscopo... nada nuevo.

En el momento no dí importancia a lo que ví, hasta que revisioné un vídeo llamativo. Había un niño entre unos arbustos con unos enormes cascos, más grandes que cabeza y muy pesados. Estaba escuchando John Coltrane, silbando la melodía y con una respiración pausada. ¡Qué interesante!

Un segundo después, comencé a chocar contra los ladrillos de la pared y rompí las pantallas de mi ordenador. A mi alrededor, todo estaba pintando en sangre. Me odiaba a mí mismo, busqué mis pastillas e ingerí el bote entero.

fiu...por poco.

miércoles, 19 de noviembre de 2008


Tu voz es como el canto de las sirenas que llevan a la desgracia al pobre Ulises. Ni las cuerdas con las que se ató al mástil podían reprimir los sentimientos que afloraban en él cuando cantaban. Tus ojos y tu mirada, capaces de hacer llorar de dolor y tristeza a cualquier ser que te plazca. Esa mirada que hipnotiza y petrifica cuando entran en contacto con otros. Tu imperfección de cuerpo en los que me pierdo para no encontrarme nunca más, mi refugio y mi jaula. Tu rostro precioso, triste y melancólico que refleja la desconfianza hacia los demás. Tu sonrisa, ésa que eclipsa el mundo por completo y de la que nunca podré escapar.

Sigo saltando en los charcos bajo la lluvia mirando a ese cielo mentiroso que se ríe de mí, sigo persiguiéndote por donde vas, mi muss sein. Me he acostumbrado a ésta locura obligatoria, ¡qué le voy hacer! Sigo estando aquí, no sé si te importará, pero continuo buscando tu mirada fundida en la mía.

Me quedaré hibernando en tu interior otra vez, no hace falta que llames a la puerta. Está abierta

martes, 18 de noviembre de 2008

El lejano Oeste


Nunca dejé el arma en casa. Siempre he salido con ella, desconfiado de que me fueran a clavar una estaca en el corazón en cualquier momento según me diera la vuelta. Este sentimiento fue creciendo durante estos últimos años, la desconfianza hacia todo y todos.

Depositar la confianza en alguien significa que ya no serás más ese cowboy al que nadie le ha ganado nunca un duelo en el viejo oeste, ya no serás el más rápido desenfundando y disparando a los demás. Estarás indefenso, débil y sólo frente al peligro, encerrado en un callejón sin salida. Ahora saben tus puntos más desprotegidos y te podrán atacar en el momento que deseen, aséstando un golpe mortal hacia tus intereses.

Confíe en muchas personas y les entregué mi talón de Aquiles. Tiempo atrás (y adelante) la mayoría me ha dado golpes bajos en cuanto pudieron. Ahora sólo quedan 2 o 3 en este pueblo del lejano Oeste, y en los que volvería a correr el riesgo.

Confiando corremos un riesgo que puede ser demasiado caro, pero, a veces, sólo a veces, merece la pena para sobrevivir. No se dejen engañar, señores, no seamos ingenuos, irán haceros daño, por mucha sonrisas que existan y por mucho cielo que veáis.

Recuerden, el cielo siempre miente, NUNCA dejen su arma en el cajón. O si lo hacen, corran el riesgo.

Aquellos que están ahí desde el día 1, gracias.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Es muss sein.


A veces pesas tan poco que sientes como levita el ser. Levita al caminar por calle mirando al sol con tus cascos y te aislas del ruido de los coches. Decía Beethoven en su último cuarteto "muss es sein?" " Es muss sein!" "Es muss sein!". ¿Tiene que ser? ¡Tiene que ser, tiene que ser!

Realmente, ¿tienen que ser las cosas así? ¿No podrían ser de otra manera? La grandeza del hombre quizá sea cargar con el peso de su destino, si es que existe... No nos podemos lamentar de hacer A y no hacer B puesto que sólo tenemos una vida, no podemos comparar como nos habría ido si hubiéramos elegido realizar B.

A veces, es necesario vender el tiempo y tirar el peso, la carga, fuera de tus hombros. Ahí eres tan leve que flotas en el aire, pero no es tan bonito, ni tan pleno. Hoy me he dado cuenta de lo importante que son las casualidades, lo es todo.

Las cosas tienen que ser así y a mí me toca cargar otra vez el peso y tragar orgullo y reprimir mis sentimientos.
muss es sein? Ja, es muss sein.

Einmal ist keinmal

domingo, 16 de noviembre de 2008

Escapando de mi sombra


Espacio sin tiempo. Fue una de esas noches que sólo sirve para arrastrarse por la nieve enfrentándote contra el vendabal. Ésta enfermedad que las fuerzas y la felicidad quita, que sólo desprende odio y celos.

Una noche en la que corres por un campo de maíz hasta llegar a un punto en el que estás tan desesperado que saltas a las ortigas y te quedas en el suelo maldiciendo toda tu existencia. Para olvidar, hoy me siento peor que ayer y mañana peor que hoy, vacío. Barro y tierra, el sonido del zigzag por el maíz escapando de no se sabe qué o quién.

Redacto las lágrimas de odio e impotencia que caen sin nada que las pare, no me queda nada, sólo esperar y consumirme. Me obligué a crear este conflicto que nunca terminará jamás, soy preso en una celda gélida, fría.

Buscando un futuro para sonreír en ortigas y campos de maíz.

sábado, 15 de noviembre de 2008

El último aliento


El tiempo deshoja margaritas. El tiempo que marchita, así va la vida. Cansado de vivir sin cuerpo, pinto con el vaho tu nombre en el cuarto de baño. Me pregunto qué ha pasado, en qué fallé, cuando dejé de pisar la acera...

He llegado por fin a ser un maestro del disimular y a guardar en el infinito los sentimientos que resquebrajan las puertas del alma. A cambio de conseguirlo tuve que dejar muchas cosas atrás, borrar recuerdos que jamás volverán, olvidar el árbol en Navidad.

Desde aquellas, por las noches me desplazo al eterno desierto para tocar el piano mirando los astros plasmados en el cielo. A las seis suena el reloj y tengo que regresar a la cama, a mirar el techo y ver como una cabeza borradora me observa a sus piés.

Ojos rojos e indescifrables... último aliento.

Delirios mentales





No sé ni cuando empezó ni porqué, sólo sé que en apenas un instante todo se desmoronó encima mía. Y no será mañana cuando empiecen a mejorar las cosas, tampoco será hoy, ni dentro de un minuto, ni en un segundo. La calle ardiendo pidiendo socorro a gritos, el niño atado de pies y manos con cuerdas invisibles a una silla... todo es tan surrealista. El día que decidí echarte de mi casa, ya no por primera vez, sino por segunda o por tercera, me sentía con fuerzas y vivo. Me equivoqué, a cada momento que pasa me flaquean más las fuerzas, el pasear como un zombie por los pasillos como si todo fuera bien, sonreír a los que te miran y te indican que llevas una cara demasiado fea para exhibir.

Mente en blanco y ejecución de movimientos fríos, no quiero más sobresaltos. Son muchas cosas en un período de tiempo pequeño, demasiadas para este ser autómata. Olvidé una vez las llaves de casa y desde aquellas no he podido volver a entrar, quizá alguien tenga una copia.

Necesito descansar y fundirme. Las sueños se convirtieron en pesadillas y las noches son para Alí Babá y los 40 ladrones...

Si alguien tiene la llave... contacte conmigo, aunque es difícil, estoy apagado y... lo demás ya lo sabéis.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Wrong code


Mujeres, hombres y niños, rápido. Huyamos de los disparos, el fin del mundo termina, mujer. Conecta el radiocassete y escuchemos el tren azul que siempre ayuda, que trae recuerdos alegres y propios.

Disparos, caos, gritos, pánico, llantos. Todos están tan asustados, ¿de qué? me sentía espectante, tranquilo. Vivíamos de utopías y de mentiras piadosas, parece que el castillo de naipes se cae, ¿eh?
Griten de miedo, no podréis hacer nada. Ahí vienen, intentando tirar las puertas abajo. Cae una, aún estamos cubiertos por 3 más, no se asusten.

El ininteligible sonido que salían de las bocas de esos extraños aumentaban los llantos de la gente que estaba en el sótano. Ya sólo queda una puerta... entraron.

Todo es muy rápido, la única luz que hay en el sótano es de una grandiosa luna, reflejada en los cuchillos de los extraños. Suenan desgarrándose contra los cuerpos de la gente, y los extraños se acercan hacia mí, pero se les ha olvidado abrir una puerta, codigo erróneo.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

White colour


Se complican los problemas sin que les encuentre una solución. Quizá, tenga que mantenerme al margen, alejarme y esperar a que los tiempos duros pasen. O por el contrario, es hora de dedicarse a lo que más importancia tiene en estos momentos.


Ignorar lo secundario y centrarme en lo primario, es lo que me queda. Llevo mucho tiempo dormido, toca despertar de una vez por todas, aunque sea a base de ostias. Perdí la confianza en mí mismo desde hace tiempo y en los demás, desapareció la seguridad y la autoestima que me tenía en tiempos pasados y ahora todo es negro, oscuro, deprimente.


Montar a los lomos del caballo descarriado y llevarlo otra vez por el buen camino, no será fácil, no. Es probable que haya sido la gota que colma, la gota que desparrama el vaso de agua por toda la cocina.


Quizá existieron tiempos mejores, o no, pero sí hubo pintura blanca. ¿Volverán?


lunes, 10 de noviembre de 2008

Rebelde con causa


El rey de la carretera, ese que lleva su peinado guaperas a lo James Dean mientras escucha el rugir del bello motor de su Porsche Spyder 550. Con un sonido contagioso de Be careful with a fool de Johny Winter que incita a pisar, como si el acelerador lo pidiera a gritos. Una mano en el volante, la otra decidida a ver las vistas del paisaje apoyada en la ventanilla del coche.

Es el más rápido, el rey de la carretera al que no pueden parar, el rey del quema rueda. Volando por encima del suelo, contemplando con aires de ganador y la rebeldía que le caracteriza, observa como el enorgullecido sol le planta cara. Decide ponerse sus gafas de sol y se siente poderoso, inmortal.

A lo lejos se ve la mansión hortera de 500 metros cuadrados, jardín, garaje, piscina sin incluír, claro. El acelerador le pide que le de más fuerte, que le fustigue hasta hacerlo desmayarse de placer y el así lo hace, obediente.

Atraviesa los campos de maíz a velocidades espectaculares, hasta que... CRASH. Ahora sólo se ven los cristales rotos de su gafas de sol, la sangre que mancha la hermosa tapicería del Spider, sin embargo, el radiocassete funciona, be careful with a fool......

domingo, 9 de noviembre de 2008

El bosque


Vomito furia y desesperación. Inspiro odio y desolación a mi alrededor. Fuego en el bosque. Contar hasta el infinito, eso nunca falla. Nos movemos por el interés, somos seres despreciables y repugnantes que buscan sólo el bien personal antes que el bien común. Quizá haya sido la excepción que nunca confirma regla, el estúpido eslabón perdido de la cadena evolutiva, yo.

¡Mira! ¡Ahí, en el bosque! ¡Está ardiendo! Los animales, pobres e indefensos, escapando de las yamas eternas que iluminan la madera de los árboles. Se queman y a cada segundo que pasa, se forma una gran humareda que se dirige de cara al cielo.

La preciosa música del fuego que se escucha sin cesar. ¡Qué más da! No hemos visto nada, Papá, vayámonos a casa, el día ha terminado ya.