martes, 18 de noviembre de 2008

El lejano Oeste


Nunca dejé el arma en casa. Siempre he salido con ella, desconfiado de que me fueran a clavar una estaca en el corazón en cualquier momento según me diera la vuelta. Este sentimiento fue creciendo durante estos últimos años, la desconfianza hacia todo y todos.

Depositar la confianza en alguien significa que ya no serás más ese cowboy al que nadie le ha ganado nunca un duelo en el viejo oeste, ya no serás el más rápido desenfundando y disparando a los demás. Estarás indefenso, débil y sólo frente al peligro, encerrado en un callejón sin salida. Ahora saben tus puntos más desprotegidos y te podrán atacar en el momento que deseen, aséstando un golpe mortal hacia tus intereses.

Confíe en muchas personas y les entregué mi talón de Aquiles. Tiempo atrás (y adelante) la mayoría me ha dado golpes bajos en cuanto pudieron. Ahora sólo quedan 2 o 3 en este pueblo del lejano Oeste, y en los que volvería a correr el riesgo.

Confiando corremos un riesgo que puede ser demasiado caro, pero, a veces, sólo a veces, merece la pena para sobrevivir. No se dejen engañar, señores, no seamos ingenuos, irán haceros daño, por mucha sonrisas que existan y por mucho cielo que veáis.

Recuerden, el cielo siempre miente, NUNCA dejen su arma en el cajón. O si lo hacen, corran el riesgo.

Aquellos que están ahí desde el día 1, gracias.

1 comentario:

explosion dijo...

Hostia tienes un blog tío. Ni me había dado cuenta. ¿Te funcionó aquello de las listas al final?

Mucha suerte, me molan tus textos.