miércoles, 19 de noviembre de 2008


Tu voz es como el canto de las sirenas que llevan a la desgracia al pobre Ulises. Ni las cuerdas con las que se ató al mástil podían reprimir los sentimientos que afloraban en él cuando cantaban. Tus ojos y tu mirada, capaces de hacer llorar de dolor y tristeza a cualquier ser que te plazca. Esa mirada que hipnotiza y petrifica cuando entran en contacto con otros. Tu imperfección de cuerpo en los que me pierdo para no encontrarme nunca más, mi refugio y mi jaula. Tu rostro precioso, triste y melancólico que refleja la desconfianza hacia los demás. Tu sonrisa, ésa que eclipsa el mundo por completo y de la que nunca podré escapar.

Sigo saltando en los charcos bajo la lluvia mirando a ese cielo mentiroso que se ríe de mí, sigo persiguiéndote por donde vas, mi muss sein. Me he acostumbrado a ésta locura obligatoria, ¡qué le voy hacer! Sigo estando aquí, no sé si te importará, pero continuo buscando tu mirada fundida en la mía.

Me quedaré hibernando en tu interior otra vez, no hace falta que llames a la puerta. Está abierta

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