
Sentados en el bordillo de una acera. Hace un viento frío y llueve desde que nos despertamos hoy por la mañana, cuando te abrazabas a mí por el ruido de los truenos. Tu pelo se mueve hacia el oeste debido al fuerte viento, observo esa imagen sexy y de un extraño encanto oculto. La gente camina rápido con sus paraguas, alguno de ellos se dobla y no sirve para nada. Nos miran perplejos, dos jóvenes sentados bajo la intensa lluvia que inunda las calles de Los Angeles, en este noviembre de 2019, viernes.
Esbozas una sonrisa soleada en este día triste y gris y a mí me da la vida. Me dices que estoy loco, y te lo repites a ti misma. Estamos empapados, empiezas a estornudar y a toser. ¡Vaya, nos hemos acatarrado! dices alegremente.
Fijas tu mirada en el agua que fluye como un río por la calle hasta desembocar en la alcantarilla que tienes bajo tus piés. En estos momentos estás tan guapa que haría el amor contigo ahora mismo, la lluvia, el frío, el viento, tú y yo. Me das un beso, dulce, corto, efímero y te levantas. ¿Cenamos fuera? dices casi suplicando, poniendo tu mirada de cordero degollado como si fuera la última. Sí, ¡claro! ¿te parece bien algo de rélax en el White? Ya sabes, música jazz, cenita ligera, un par de copas y el postre. ¡Uuuh, me parece perfecto! contestas efusivamente.
Posas tus labios en el borde del cristal de tu copa de vodka negro, tienes la mirada perdida en alguna parte que se me escapa. Ya lo entiendo, ésta era la última vez para todo. El último beso, la última noche abrazados y acostados en la misma cama, la última sonrisa cómplice.
Todo es efímero, pienso. Los besos, las vidas, las sonrisas, los recuerdos, las noches, la lluvia, el frío y el viento. Ojalá esta fuera la última vez para todo el mundo y desaparecieramos juntos, por desgracia, no es así. Después de unos minutos moviendo la pajita me dices que nos vayamos para casa. Te agarro de la mano fuerte, subimos el ascensor y abro la puerta. Nos vamos directos a la cama, te desnudas lentamente, me desnudas con parsimonia y me besas.
Te agarro las caderas, la última vez que somos uno. Es la mejor noche de mi vida, tu respiración agitada y tus pequeños gemidos hasta que gritas y me dices que me amas. Ahora, duermes y yo rompo a llorar en silencio para no despertarte mientras te doy el último abrazo y me acurruco en tu espalda como un niño.
Me despierto y miro a mi lado: no estás. Hoy es noviembre de 2020, sigo en los Angeles. En la misma cama de la que te marchaste, en la misma habitación que abandonaste. Miro la misma puerta que cerraste hace un año.
Efímero...

2 comentarios:
te emocionas al ver que hay un comentario nuevo en tu blog, peor te entristeces al leer que solo es un jodid odepravado diciendo "aScOrChoWnz"
AsCoRcHonáUtIc.
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