domingo, 14 de diciembre de 2008

There's nothing left to see



Desde cualquier punto de la ciudad podía verse toda esa maraña de gente que había al otro lado del puente. El pánico, el caos, el miedo en sus ojos, el llanto, podían verse en cualquier posición. Habían luces rojas y un gran ruido de sirenas, también se oían los gritos. Entre toda esa multitud del puente, un niño que no debía tener más de 8 años miraba impávido como París se desplomaba sobre sí misma, sus edificios y monumentos caían como fichas de dómino. Al contrario de lo que se puede creer, el niño no estaba asustado ni algo que se asemeje. Continuó observando como kilos de ladrillo y cemento estallaban en mil pedazos contra el suelo. Alcanzó a ver la amada Torre Eiffel derrumbarse en un soplido y la gente corría atemorizada, gritando y suplicando a Dios que todo fuera un mal sueño. El niño esperó hasta que al fin no quedaba rastro de lo que fue París, sólo quedaban escombros y rastros de lo que un día fue y ahora ya no era. Mamá, vámonos, no queda nada más para ver, dijo el niño. Esbozó una sonrisa, era una sensación extraña sentir como todo desaparece delante tuya en un abrir y cerrar de ojos.

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