sábado, 22 de noviembre de 2008

La chica de los ojos tristes


Paseaba por la calle mirando al suelo. La única luz de la ciudad a las 5 de la mañana correspondía a las farolas que todavía funcionaban. Tenía un andar lento y marcado. cada vez que adelantaba un pié, su brazo derecho hacía una especie de vaivén llamativo que desprendía originalidad por los dedos.

El sonido de sus zapatos repiqueteando sobre el pavimento de la acera era lo único audible y aprovechable a esas horas. De vez en cuando, miraba al cielo negro y maldecía que justo esa noche hubieran raptado a las estrellas. Respiraba a un ritmo pausado y lanzaba el aire de sus pulmones en forma de humo hacia ninguna parte. Llevaba unas botas marrones, un pantalón vaquero ajustado, una camiseta de rayas y una chaqueta marrón que la resguardaba del frío. Empezó a llover y,como si fuera el botón que había que pulsar para salvar el mundo, se sentó en medio de la carretera asfaltada y maldecía su estúpida existencia mientras clamaba al cielo compasión.

Un día más tarde se encontró desanimada, confusa y vacía. Debido a aquella fría noche, estaba resfriada y sacó un pañuelo para sonarse. Se miró al espejo y vió sólo a una mujer con unos ojos muy tristes que vivía ajeno a lo que sucedía ahí afuera. Se sintió inútil y al momento recibió el mensaje a su teléfono móvil: "La casualidad me llevó al laberinto de tus ojos tristes". ¿Quién me ha escrito ésto? ¿Por qué?

No consiguió dar respuesta a sus preguntas. Salir a las 5 de la mañana y sentarse en la carretera, con la misma ropa de aquella noche, se convirtió en un ritual y, caída en un absurdo, recibía siempre un mensaje después.

Aquellos mensajes extraños correspondían a un niño misterioso que tiritaba de frío esperando a que ella le diera un hogar caliente en su corazón. Se perdió en la infinita profundidad de su mirada, y ahora sueña con la chica de los ojos tristes...