domingo, 9 de noviembre de 2008

El bosque


Vomito furia y desesperación. Inspiro odio y desolación a mi alrededor. Fuego en el bosque. Contar hasta el infinito, eso nunca falla. Nos movemos por el interés, somos seres despreciables y repugnantes que buscan sólo el bien personal antes que el bien común. Quizá haya sido la excepción que nunca confirma regla, el estúpido eslabón perdido de la cadena evolutiva, yo.

¡Mira! ¡Ahí, en el bosque! ¡Está ardiendo! Los animales, pobres e indefensos, escapando de las yamas eternas que iluminan la madera de los árboles. Se queman y a cada segundo que pasa, se forma una gran humareda que se dirige de cara al cielo.

La preciosa música del fuego que se escucha sin cesar. ¡Qué más da! No hemos visto nada, Papá, vayámonos a casa, el día ha terminado ya.

1 comentario:

Lib dijo...

Quizá porque somos seres despreciables por defecto el egoismo es inherente a nuestra condición humana.
Y si queda o quedó alguien generoso de corazón, altruista y que nunca buscó ningún tipo de beneficio ni lucro en sus actos dirigidos al prójimo nos encargamos de hacerle cambiar de fe.